El ministro de Cultura de Cuba y sus viceministros agreden a un grupo de artistas y periodistas

Justo dos meses después de que tuviera lugar la histórica concentración de artistas y simpatizantes ante el Ministerio de Cultura -el 27 de noviembre- para reclamar mejoras en las condiciones de su sector y más libertades, nada parece haber cambiado, al menos para mejor. La realidad es que ha aumentado la represión contra los artistas que participaron en aquella reunión con el viceministro de Cultura, Fernando Rojas, y no se ha logrado ningún avance en las promesas que se hicieron aquella noche, como abrir una negociación para atender las peticiones realizadas por los artistas.

Tras dos meses de silencio, este miércoles se ha sabido que el 27-N (nombre con el que fue bautizado el grupo de artistas) llevaba semanas en contacto con el viceministro de Cultura, y que estaba previsto que esta mañana tuviera lugar una reunión entre Rojas y tres portavoces del grupo –la curadora Solveig Font, el dramaturgo Yunior García y la artista visual Camila Lobón– con el fin de negociar las condiciones para comenzar a discutir las peticiones del sector.

Con este fin, un grupo de artistas se personaron esta mañana en el exterior del ministerio de Cultura para, según los medios cubanos, exigir que tuviera lugar la reunión y denunciar la campaña de descrédito que contra ellos ha emprendido el Gobierno cubano a través de los medios oficialistas, además de la represión ejercida por los agentes de la Seguridad del Estado, que no ha cesado de realizar detenciones y de acosar a los integrantes tanto del 27-N como del Movimiento San Isidro.

Al principio, todo transcurrió con cierta normalidad, pero a medida que se congregaban más personas ante el ministerio -a pesar de que numerosos varios del 27-N fueron detenidos cuando intentaban salir de sus casas para acercarse al lugar, como Tania Bruguera o Katherine Bisquet-, y por el miedo a que se produjera otra concentración de cientos de personas, Rojas decidió salir y animó, según las grabaciones subidas a las redes sociales por artistas y periodistas, a las personas que estaban allí a entrar en el edificio (para evitar imágenes como las de hace dos meses), con la exigencia de dejar fuera los teléfonos móviles. Ante la negativa, más tarde les pidió que se retiraran de la calle, por incumplir los protocolos de sanitarios del Covid-19 (la gran excusa que ha utilizado el régimen durante los últimos meses para intensificar y justificar la represión).

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